El extraño que habita en nosotros: un análisis psicológico de «Lapsus» (Ultraligera)

Bienvenidas y bienvenidos una vez más a este rinconcito donde plasmo todas aquellas inquietudes que me remueven a diario, dentro y fuera de la consulta. 

Hoy quiero ponerme un poco nostálgica, pero de esa forma bonita que te entra cuando se acerca el verano… 

Los que me conocéis sabéis que, además de mi pasión por entender los entresijos de la mente humana, tengo otra debilidad confesa: el indie rock. 

Y si hay un lugar en el mundo donde mis dos pasiones convergen de una manera casi mágica, es en Aranda de Duero, perdiéndome entre los escenarios del Sonorama Ribera

Para mí, ese festival no es solo música; es una terapia colectiva de cinco días donde saltas, cantas a grito pelao y conectas con historias que, casualmente, se parecen mucho a las que luego tratamos en la consulta.

El caso es que el otro día, escuchando en bucle a una de esas bandas que tienen ese sonido tan puramente Sonorama, me topé con un temazo, que me obligó a parar y sacar la libreta. Hablo de “Lapsus” de Ultraligera.

Como psicóloga, no pude evitarlo: la canción pone música a esos comportamientos contradictorios, a veces un poco autodestructivos, que todos hemos tenido alguna vez y que tanto nos cuesta admitir… Y lo hacen sin filtros, desde las tripas. 

Hay canciones que parecen hablar de una historia de amor, pero que en realidad están hablando también de cómo nos relacionamos con nosotros mismos. 

Vamos a descifrar esas frases que nos remueven por dentro y a entender por qué, a veces, nos convertimos en nuestros peores enemigos.

¿Te vienes? Hoy cambiamos el cohete de AMarte Psicología por el coche de Ultraligera, ¡súbete que arrancamos!

Desde el principio, la canción tiene algo de inconformista:

«Sentarse a leer es pura rebeldía»

«Hacemos bien en dudar de lo que nos contaron.»

Hay una invitación a cuestionar lo establecido, a no aceptar sin más las ideas heredadas. Psicológicamente, esto tiene mucho que ver con la construcción de una identidad propia. Crecer también implica revisar aquello que nos enseñaron y preguntarnos qué encaja realmente con nosotros.

La canción continúa con una frase que parece sencilla, pero que encierra bastante complejidad:

«Si la utilizas bien, la droga es medicina.»

Más allá de las sustancias, la frase habla de algo muy humano: la diferencia entre lo que nos ayuda y lo que nos acaba atrapando. Lo mismo puede ocurrir con el amor, el trabajo, el deporte, las redes sociales o incluso la necesidad de aprobación. A veces la línea entre el bienestar y la dependencia es más fina de lo que pensamos.

Después aparece una idea muy interesante sobre cómo nos afectan los vínculos:

«Cuando me dan amor, soy como un lagarto»

«Genero pensamientos, me voy divirtiendo.»

Es una forma peculiar de decir que el afecto nos transforma. Cuando nos sentimos queridos, pensamos diferente, actuamos diferente y hasta percibimos el mundo de otra manera. Las relaciones no solo nos acompañan; también moldean nuestra experiencia emocional.

Pero el corazón de la canción está en otro sitio: en esa sensación tan humana de sentirnos atraídos por lo que no terminamos de entender.

«Me interesaba de ti lo que no me has contado.»

Muchas veces no nos enamoramos solo de una persona, sino también de sus misterios. De lo que intuimos, de lo que imaginamos, de aquello que no conocemos del todo. Nuestra mente completa los huecos y, a veces, construye historias que nos atrapan tanto como la propia realidad.

Por eso resulta tan potente que el estribillo no hable solo de la otra persona, sino de:

«Cada pétalo, cada químico, cada lapsus.»

Los pétalos podrían representar la parte romántica y delicada. Lo químico nos recuerda que el amor también tiene una base biológica, corporal, instintiva. Y el lapsus señala aquello que se escapa sin querer: las contradicciones, los gestos involuntarios, las verdades que aparecen cuando bajamos la guardia.

Porque muchas veces conocemos más a alguien por lo que se le escapa que por lo que decide contar.

También aparece algo muy interesante: la idea de que dentro de nosotros hay partes que no siempre comprendemos.

«No tengo nada que ver con lo que hace ese extraño que vive dentro de mí y que me hace tanto daño.»

¿Quién no se ha sentido alguna vez así? Haciendo algo que sabe que no le conviene, repitiendo patrones, reaccionando de formas que después no entiende.

No porque tengamos varias personalidades, sino porque todos convivimos con contradicciones, impulsos y heridas que no siempre están bajo nuestro control. A veces hay una distancia enorme entre lo que sabemos que nos hace bien y lo que terminamos haciendo.

Y justo después aparece una frase que suena casi a intento de mantenerse a flote:

«Cariño mío, te juro que me estoy cuidando.»

Es una frase que transmite esfuerzo. Como quien intenta convencer a otra persona —o a sí mismo— de que está gestionando lo que le ocurre. Porque cuidarse no siempre significa estar bien; a veces significa simplemente seguir intentándolo.

Y luego está el amor, pero no el amor romántico de película.

«Un día me enamoré y el cuerpo me dolía.»

Porque enamorarse puede ser maravilloso, pero también remover mucho. A veces nos activa inseguridades, miedos, necesidades y vulnerabilidades que estaban tranquilamente escondidas hasta que alguien –o algo– llega y las pone encima de la mesa.

La canción incluso habla de esa sensación de necesidad emocional intensa cuando dice:

«Que se me quema la piel cuando me falta algo.»

Hay ausencias que no se sienten solo en la cabeza. Se sienten en el cuerpo. Y cualquiera que haya echado mucho de menos a alguien sabe que no es solo una metáfora.

Por eso el título, Lapsus, encaja tan bien. Un lapsus es eso que se nos escapa sin querer. Una palabra, un gesto, una reacción. Pequeños momentos que muchas veces dicen más de nosotros que todo lo que intentamos explicar de forma consciente, de forma verbal.

Quizá la canción nos recuerda algo importante: que conocernos no consiste sólo en escuchar lo que pensamos de nosotros mismos, sino también en prestar atención a esas pequeñas grietas por las que se cuela lo que realmente sentimos.

Y que, a veces, aquello que más nos atrae de los demás —y de nosotros mismos— no es lo que vemos con claridad, sino todo lo que todavía estamos intentando entender.

Abrazos, 

Sara 

Tabla de contenidos